Asociacion Protectora

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Junio 4 de 2008

Asociación Protectora de Animales
Estimado Sr. Director:

Le escribo con el fin de aclarar la serie de eventos que llevaron al fallecimiento de mi perro Chuch.
He sido el custodio y guardián legal de este animal desde su nacimiento, el 12 de Octubre de 2001, hasta el pasado 13 de Abril, fecha en que por motivos que pasaré a explicar le di muerte.
Chuch (o el Chuch, como solía llamar a mi perro) fue siempre un can bien sociable. Al mismo tiempo, ya desde muy pequeño, reconocí en el una veta inquisidora y reflexiva. Se que suena extraño decirlo, pero el Chuch era a la vez mi perro y mi confidente. A el le contaba todo. Era mi amigo y mi compañía y es por esto que siento un terrible remordimiento por lo sucedido. Pero usted sabrá entender cuando conozca los detalles de su fallecimiento.
Recuerdo sus ojos acusadores cuando retornaba tarde a mi hogar debido a algún evento social o a cuestiones del trabajo. Al Chuch no le gustaba estar solo. A ningún perro le gusta, esto usted bien lo sabe, Sr. Director.
Ahora bien, intentaré entonces ser breve y relatarle los eventos que desencadenaron la tragedia que significó para mi la muerte del Chuch. El día 12 de Abril volví de mi trabajo a las seis como de costumbre. Cuando giré el picaporte, allí estaba con sus ojos clavados en mí. No mostraba la típica e ilusoria alegría del perro que deja de estar solo ante la llegada de un humano u otro perro. En sus ojos había algo extraño, acusador si se quiere.
No le di mayor importancia y me dirigí a la cocina para prepararme un café con leche, como hago todas las tarde al regresar de mi empleo. Estaba sacando la leche de la heladera cuando noté un olor extraño, como rancio. Enseguida pensé que sería la leche que se había puesto mala, pero al realizar el test del olfato y posteriormente el del gusto, determine que no era así.
Sin embargo el olor rancio, cuasi putrefacto, permanecía allí en el ambiente. A mis pies el Chuch alzaba la cabeza con sus ojos acusadores. Le hice la pregunta de siempre, que se quedó sin mas respuesta que la de sus ojos tristes e inquisidores.
—¿Que hiciste Chuch?… Eh… decime que hiciste.
Quizás Chuch presentía su final, también triste. Dicen que los perros lo presienten todo: cuando uno va a partir, cuando uno volverá y cuando saldrán a pasear. Me pregunto, Sr. Director, si los perros también intuirán la proximidad de la muerte. Me inclino a pensar que si, dado que Chuch fue directo a mostrarme la prueba de su propia sentencia.
Caminó hacia la puerta que da al jardín y allí giro su cabeza como pidiendo que le abriera, aunque el bien sabía entrar y salir por la puertita para perros que yo mismo le había fabricado. Bastó con abrir la puerta para ver el desastre que nunca pensé vería desplegado en mi jardín.
Desenterrados se podían ver los quince cadáveres, quince cráneos, treinta fémures y todos los demás huesos del cuerpo humano, multiplicados en una terrorífica alfombra verde y marfil. Bajé la cabeza y el Chuch me miró como diciendo ya sé que voy a terminar como estos quince, no tengo escapatoria.
Lo que mas me alteró fue que recorriera con tanta parsimonia el trayecto hasta el medio del jardín, donde se acomodó entre dos cadáveres semi descubiertos sin olvidarse de dar sus tres vueltas de perro que se acomoda. Desde allí me miró nuevamente con resignación, pero con la valentía de aquel que espera a la muerte sabiendo haber hecho lo que correspondía. El resto lo imaginará usted. El recorrido hasta el armario, la carga del Ruger, mi salida al jardín y el disparo entre los ojos.
La intención de esta carta es entonces explicar los motivos y la forma en que sucedió el fallecimiento de mi querido Chuch. Sabrá usted comprender que no podría haber tolerado volver a ver al Chuch, con su inquisidora mirada, luego de su descubrimiento en el jardín.
Ruego a usted que interceda ante el comité investigador dentro de la Sociedad Protectora, en la causa que se me han abierto por la desaparición del Chuch. El Chuch no esta desaparecido, esta enterrado con los otros quince al fondo de mi jardín.

Lo saluda atentamente,
~ Saúl S.

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from Hombre Verde, released January 12, 2016

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Gervasio Goris Miami, Florida

Gervasio Goris es un escritor y musico argentino. Estudio Economia y Ciencia Politica en la Universidad de Buenos Aires y tras graduarse en 1999 se dedico a escribir musica. En el 2003 tomo su velero y decidio subir navegando hasta Miami donde vive el resto de su familia. Hoy se dedica a escribir cuentos y novela sin abandonar jamas su pasion por las canciones. ... more

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