Clara de Noche

from by Gervasio Goris

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¿Como fue que sucedió? No podía recordarlo con claridad, pero en el transcurso de los últimos dos años algo había sucedido con su matrimonio. Creía que todo había comenzado con los sueños de Clara. No sabía con precisión cuando habían empezado, pe-ro de seguro había sido luego del exilio.
Los primeros años los recordaba como felices, pero ahora tanto tiempo después, lo veía todo como dentro de una nube densa y pegajosa. Una nebulosa oscura en la que ambos habían ingresado sin querer-lo. No podía tampoco diferenciar bien el antes y el después. Solo recordaba haber sido feliz con Clara. Y ahora ella, pobre…
Ambos habían estado de acuerdo en seguir la oportunidad de trabajo en el exterior. Era la mejor posibilidad para ambos de salir del incierto pozo en el que habitan las familias de la clase media en el sub-desarrollo. El trabajaba mucho y Clara se quejaba de estar mucho tiempo sola. Lo curioso es que el tam-bién se sentía solo entre tanta gente con la que trata-ba a diario.
Clara pasaba horas frente al televisor para poder mejorar su idioma. Además comenzó a dormir hasta tarde, lo cual la devolvió al recuerdo de esas largas mañanas de su adolescencia. El la llamaba cuando salía a almorzar y Clara apenas podía balbu-cear dos palabras para saludarlo y seguir durmiendo hasta las una o dos. Lo curioso es que muchas veces la encontraba en la cama al volver como a las ocho o nueve de la noche. Entonces Clara comenzó a medi-carse, pero la situación solo empeoró con la aparición de los sueños.
Soñó que su marido estaba con dos prostitu-tas, que mataba perros con el auto y se reía. Lo soña-ba matando hombres, acostado desnudo en el asfalto. Siempre él, siempre haciéndola llorar y luego abra-zándola para pedirle que se calmara, que solo era un sueño. Después de un mes de sueños, mas medica-ciones y tres visitas al psiquiatra, el pensó que algo iba a tener que hacer si quería salvar su matrimonio de esa pesadilla diaria.
Clara de noche se transformaba en una muñe-ca de trapo, presa de sus terribles ensoñaciones. Un día mientras volvía del trabajo a su casa, vio un perri-to herido al costado de la Avenida a unos treinta me-tros adelante de su paragolpes y de algún modo no sintió pena alguna por el can. En cierta forma lo veía como la materialización de la pesadilla de Clara. Si pudiera parar esas pesadillas, pensó. Casi sin notarlo movió el volante en una brusca maniobra y escuchó al perro chillar debajo de las ruedas.
Esa noche Clara no soñó. A la mañana si-guiente ella se levantó temprano a prepararle el desa-yuno y el, por primera vez en meses, pudo sentir un alivio al menos temporal. Dos noches mas tarde Clara soñó que su marido mataba a un hombre en un calle-jón. Se despertó llorando y mientras el la abrazaba, pudo sentir como le temblaba el cuerpo de modo des-controlado. Clara tomaba a sus sueños como si en verdad hubieran sucedido. Los consuelos del marido de poco servían, ya que siempre volvía a dormirse en-tre sollozos.
Al mediodía la llamo para saber como andaba y ella solo le dijo:
—Esta maldición de los sueños te la debo a ti. Sueño lo que sueño por tu culpa. No se como expli-cártelo, pero se que es así…
El colgó atónito ante semejante desvarío. Ya no toleraba mas la situación. Su preocupación por el estado mental de Clara era extrema. Decidió entonces dejar el auto en la cochera de la oficina y bajar cami-nando por el boulevard hasta llegar al río. Se quedó pensando en un banco hasta que se hizo de noche. ¿Como podrían salir de semejante menjunje del sub-consciente?¿Como ayudarla y al mismo tiempo sal-varse de ese martirio diario? Se levantó para regresar sin respuestas al hogar donde Clara le otorgaría la po-testad de nuevas pesadillas.
Mientras caminaba, aun cavilando acerca de las pesadillas de Clara, notó que alguien lo seguía de cerca. Al darse vuelta vio al ratero con el puñal en la mano. No supo como, pero un instante mas tarde, el hombre yacía con su propio puñal en el pecho sobre un charco de sangre que lo empezaba a rodear. Pensó que lo mejor sería eliminar la evidencia arrojando el puñal al río. Lo lanzó con fuerza mientras el ratero exhalaba por última vez.
Caminó hasta su casa, todavía en shock por la muerte del inexperto criminal. Nunca había matado a un hombre. Cuando entró a su casa, las luces estaban apagadas. Clara dormía ya. Comió algo para calmar sus nervios. Luego se duchó y se acostó sin decir pa-labra.
Esa noche Clara soñó que era un pez. El no aparecía en ese sueño, por suerte. En la mañana la dejó durmiendo en una paz relativa. A eso de las once le sonó el teléfono de su despacho. Era Clara que es-taba mas exaltada que nunca. Rara vez lo llamaba a su oficina y este llamado lo preocupó aún mas. Había seguido soñando con el agua. Soñó que la pescaban y que él era el pescador. En el sueño ella le pedía pie-dad, pero el igual le cortaba la cola y la cabeza con un cuchillo de mango de madera. Sin mayor éxito, inten-to calmarla por la vía telefónica, pero sabía que la la-bor no concluiría hasta su regreso al hogar.
Al volver, Clara lo esperaba en el living. Sin dudar un instante le dijo que no toleraba más la si-tuación y que sabía que lo mejor sería que ella se vol-viera a su pueblo. El podía quedarse para seguir con su carrera dentro de la empresa. Al fin y al cabo le es-taba yendo bien. El no entendía bien de que le habla-ba. ¿Porque quería irse?
Entonces todo se tornó violeta, oscuro y agrio. Clara le dijo que en verdad creía que un día le corta-ría la cabeza. Comenzaron a discutir. El la llamó loca y ella actuó su parte dado que estaba completamente fuera de sí. Intentó calmarla con un abrazo, pero ella no quería que el la tocara. Igual la abrazó, esta vez mas fuerte y ella intentó soltarse, pero no pudo por-que el ya hacía mucha presión sobre su muñeca como para no dejarla ir.
—Lo sé. ¿Vas a matarme, no?
—¿Porque decís esas cosas, Clara?
Ella no era así. Clara no era así, se repetía por dentro.
—Ya te dije que no me llames mas Clara. Mi nombre es Alejandra, ya lo sabés. ¿Y quien mierda es Clara? ¿Me vas a decir alguna vez?¿Una amante, una ex-novia? Decíme hijo de puta…
La trompada le rompió la mandíbula y la dejo inconsciente en el suelo. Nunca le había pegado a Clara. Clara no era así.

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from Hombre Verde, released January 12, 2016

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Gervasio Goris Miami, Florida

Gervasio Goris es un escritor y musico argentino. Estudio Economia y Ciencia Politica en la Universidad de Buenos Aires y tras graduarse en 1999 se dedico a escribir musica. En el 2003 tomo su velero y decidio subir navegando hasta Miami donde vive el resto de su familia. Hoy se dedica a escribir cuentos y novela sin abandonar jamas su pasion por las canciones. ... more

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