De vuelta a casa

from by Gervasio Goris

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lyrics

Son las siete. Decidimos empezar a quejarnos. El auto avanza lento por el camino que siempre nos devuelve al garage, la puerta blanca, la heladera, al sofá y las cinco horas de tele. La queja viene porque fue un día largo y la ruta esta pesada. Es lunes y falta mucho para el descanso breve e insuficiente del fin de semana.
En eso al cruzar la 27 avenida vemos a un muchacho con la cara colorada por el sol. Sus ojos casi se le salen de la cara y es todo lo que podemos observar hasta que la fila vuelve a moverse. La insolación del muchacho nos deja un gusto amargo, como si fuéramos nosotros los que hubiéramos estado ahí al sol, en esa esquina por diez horas.
No sabemos porque pero ese muchacho nos pone tristes. Ya no nos dan ganas de quejarnos, porque en dos minutos el auto estará en el garage y las piernas sobre la silla reclinable que tanto nos gusta. Mientras tanto el muchacho seguirá con los dos carteles colgando de los hombros.
La tristeza viene porque esa misma mañana, a eso de las nueve menos cinco por casualidad miramos al muchacho, que entonces no estaba insolado y no lo sabíamos, pero le aguardaban diez horas horribles. Entonces nos ponemos mas nerviosos porque mientras el microondas calienta algo y el pulgar inicia su ritual maniático, no podemos sacarnos al pobre muchacho de la cabeza. No queremos siquiera pensar en la idea de tener que verlo al día siguiente, reventado por el sol de hoy y esperando que llueva o se venga un frente frío para hacerle soportable el siguiente día. No nos gusta nada esa posibilidad e intentamos calmarnos con el cambia canal, pero no hay caso. Sabemos que al día siguiente allí estará y que el clima no será benigno porque pareciera que es elitista y nunca se pone del lado de los pobres.
Esta noche el ritual dura poco y a eso de las once nos vamos a la cama, aunque sabemos que no vamos a poder dormir. Damos vueltas hasta las tres y las ideas mas alocadas van y vienen como si se tratara de un ping-pong entre dos paletas esquizofrénicas. Y cuando al fin nos dormimos entonces llega un sueño, de esos que nos hacen recapacitar. Soñamos que despertamos en la esquina de la 27 con un calor insoportable. Los carteles, pesados sobre nuestros hombros parecen pesar una tonelada y las agujas del reloj se mantienen inmóviles a las doce del día. En eso entre la caravana de autos, vemos a uno que se parece mucho al nuestro, pero no es. Entonces el auto se estaciona a un costado y del lado del acompañante baja el muchacho, aún colorado pero bien vestido. No nos dice nada pero nos mira sonriendo mientras nos entrega una botella de agua fresca. No recordamos que vino después. El sueño pudo haber seguido pero el recuerdo de lo que vino luego está en blanco.
La radio nos despierta con ese locutor insoportable nos pone en pie a las ocho como todos los días laborables. Por algún motivo no tomamos el café ni prendemos la tele. De todos modos nos dirigimos al refrigerador para sacar un gesto de bondad, que tiene forma de galón de agua fresca. Lo metemos en la heladera portátil que habitualmente usamos para ir a la playa. Por dentro el plan estaba ya cerrado, pero no quería que mi compañero lo intuyera, por las dudas.
Subimos juntos, como todos los días, pero unos minutos mas temprano que lo habitual. Vamos como siempre hacia el oeste, pero al llegar a la 27 hago una izquierda y mi compañero se sorprende enormemente. Lo se, lo conozco de sobra. Entonces a unos metros de la esquina veo al muchacho, colorado como en el sueño y con cara de cansado, pero con buen ánimo para el día que le espera.
La industria publicitaria esta cada vez mas cruel. Hombres cartel, mujeres anuncio, cuerpos en alquiler. Por hora, por semana o por mes.
Cuando me ve bajar, el muchacho me sonríe como si supiera, como si el también hubiera soñado mi sueño. Simplemente le dejo la heladera y le digo que va a hacer mucho calor. Mi mal humor no entiende nada. Entonces corro de regreso al auto. Quiere alcanzarme pero no llega. Arranco pronto sin esperarlo a que suba.
Hoy si que va a ser un buen día en el trabajo. A la vuelta no pienso mirar a la derecha en la 27. No vaya a ser que el muchacho me arruine mi primera noche en soledad.

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from Hombre Verde, released January 12, 2016

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Gervasio Goris Miami, Florida

Gervasio Goris es un escritor y musico argentino. Estudio Economia y Ciencia Politica en la Universidad de Buenos Aires y tras graduarse en 1999 se dedico a escribir musica. En el 2003 tomo su velero y decidio subir navegando hasta Miami donde vive el resto de su familia. Hoy se dedica a escribir cuentos y novela sin abandonar jamas su pasion por las canciones. ... more

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