El cumple

from by Gervasio Goris

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Lo recordaba como si fuera ayer, porque había sido ayer. Que desastre había dejado en lo del Sebastián.
La invitación había sido en forma de pequeña camiseta de fútbol que la mamá de Sebastián había meticulosamente cortado y pintado, una por una, con la dedicación que solo se le puede dar a un hijo. Pedro había recibido su pequeña camiseta de cartón con los colores de San Lorenzo, de acuerdo al acertado cuadro que le había proporcionado Sebastián a su mamá con los nombres y los equipos favoritos de cada uno de los de la clase.
Lo primero que le sorprendió fueron la fidelidad del trazo y la nitidez de los colores, que se veían tan vívidos como los de la propia tela de una camiseta oficial. Aunque el nunca hubiera visto una en persona así le parecía. El número diez no le gustaba, pero todas tenían el diez, que no solo era el numero favorito de todos sino que además representaba el numero de años transcurridos desde el nacimiento de Sebastián. Era adecuado, entendió.
La cita era a las cinco y la mamá de Pedro lo dejó puntualmente en la puerta de la casa de la calle Gaspar Campos. Le abrieron la puerta y tras un fugaz recibimiento, notó que era el primero en llegar. Inmediatamente le molestó el orden pulcro de esa casa y la cantidad de globos en la escena.
Sebastián ya estaba jugando con el auto a radiocontrol que le había regalado su padre esa misma mañana. Lo manejaba con destreza y lograba hacerlo pasar entre los muebles sin siquiera rozarlos. Las horas de práctica habían dado sus frutos. Sebastián ni siquiera levanto los ojos para saludar al primer invitado. Pedro solo pensó que, ya con sus diez y medio, no habían aún logrado convencer a su papa del auto a radiocontrol. Tal vez su abuelo se lo compraría al fin para los once.
Llegaron más compañeros y la fiesta se fue poniendo mas tolerable para Pedro. A eso de las seis llegó la animadora que les paso las clásicas películas del Pato Donald y al final esa de Herbie —el auto alemán— que nunca faltaba en los cumpleaños con proyector. También hizo unos malabares básico y un par de trucos de magia, que resultaban muy fáciles de descubrir. Pedro nunca había tenido una animadora en alguna de sus fiestas, pero esto no se lo envidiaba a Sebastián.
Todo resultaba perfecto, al menos en apariencia, y esto inevitablemente irritaba de manera considerable a Pedro. Los bocaditos con su configuración precisa sobre la mesa, el mantel pulcro y sin arrugas, la variedad de las gaseosas. Fanta, Tónica y hasta Canada Dry tenían. Su papá una vez le había contado sobre la Canada Dry que tomaba cada vez que viajaba en avión, pero Pedro nunca la había probado. Igual prefirió la Fanta naranja que era una de sus gaseosas favoritas, cuando la ofrecían en los cumpleaños.
Para peor hubo un partido en el jardín de la casa como a las siete, tras la partida de la animadora, y a Pedro lo pusieron al arco. No era mal jugador, pero de seguro no podía dominarla con la precisión de Sebastián, que ese día estaba especialmente iluminado. En los quince minutos que duró el partido le metió cinco goles y uno fue de cañito. Al finalizar el cotejo, los llamaron a todos para adentro. Tomaron mas gaseosa para saciar la sed del partido, mientras por detrás se ultimaban los detalles para la culminación de esta celebración de una década de existencia de Sebastián, goleador y cumpleañero.
Siete y media era la hora fijada para el corte de la torta. Ya Pedro no veía la hora de que su mamá lo pasara a buscar para irse por fin a su casa con el desorden que lo apaciguaría al fin. Mientras pensaba en esto las luces se apagaron.
Entonces vio la oportunidad viniendo por el pasillo. Pedro estaba sentado en una silla al lado del baño, justo donde terminaba el pasillo por el que venía la torta con un numero diez encendido. Podía verla claramente con los colores de Boca y el nombre Sebastián iluminado por las dos velas.
No dudó un instante. Le dio lástima por la madre de Sebastián que era buena y atenta con él, pero igual puso el pie. El diez voló por los aires y la mamá supo poner las manos para no darse un golpe mayor soltando el bizcochuelo que voló dos metros hasta aterrizar en medio del living. Por el piso y en plena oscuridad los dos perros se comían el menjunje de bizcochuelo y crema chantilly que habían sido la torta de cumpleaños de Sebastián. El accidente nunca pudo esclarecerse. La mamá dijo que se había tropezado, no sabía como, pero Pedro sabía que no había sido un accidente.
Mientras volvía con su madre para Olivos a ella se le ocurrió preguntar:
—¿Y como estuvo la torta?
—Riquísima. Tenía mucha crema—contestó Pedro.
En su mano sostenía la camiseta en miniatura que la pobre madre de Sebastián le había dibujado con tanto esmero. El supuesto accidente de ese día es un secreto que se pensaba llevar a la tumba, o al menos, al secundario cuando ya se lo contaría a su primer novia.

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from Hombre Verde, released January 12, 2016

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Gervasio Goris Miami, Florida

Gervasio Goris es un escritor y musico argentino. Estudio Economia y Ciencia Politica en la Universidad de Buenos Aires y tras graduarse en 1999 se dedico a escribir musica. En el 2003 tomo su velero y decidio subir navegando hasta Miami donde vive el resto de su familia. Hoy se dedica a escribir cuentos y novela sin abandonar jamas su pasion por las canciones. ... more

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