Martirio

from by Gervasio Goris

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lyrics

Desde el comienzo estábamos condenados. Éramos pocos y no sabíamos lo que estábamos haciendo. Creíamos que de algún modo era una forma de La Rebelión, pero sin darnos cuenta, estábamos contribuyendo a perpetuar el sistema. Ilusos individuos buscando pares.
Este mundo ya nunca será lo que fue. Aún con todas sus imperfecciones, calamidades, abusos y maltratos el siglo XX nos parecía el paraíso. Nuestro grupo, de algún modo, estaba conectado por este sentimiento. Una especie de romanticismo New Age que, como todo en esta era, comenzó en línea.
Comenzamos llamando a nuestro grupo Alpha Rebels, pero pronto lo cambiamos por sugerencia de un nuevo adherente a Martirio. El Martirio lo representaba todo. Esta vida en línea sin sentido, las relaciones vacías que todos manteníamos, los absurdos trabajos que nos daban lo justo para comer comidas asquerosas, los gobiernos electos también en línea a través de las paginas oficiales del país en Facebook.
Por ejemplo, mi trabajo durante las ultimas tres semanas había sido actualizar todos los tags de las páginas , sub-páginas y páginas ocultas en el servidor de La Empresa. Nuestro equipo tenía a cargo la renovación de tags y palabras claves para que los buscadores siempre nos dejaran primeros en la página de resultados de búsqueda. El hecho de que La Empresa estuviera valuada por los jornales de economía en línea en más de 3900 billones parecía tan absurdo como el trabajo que realizábamos.
En Martirio sabíamos que el ataque, si algún día lográbamos perpetuarlo, debería ser a nivel de servidor. Apagar todo. Lograr que la población entera pudiera darse cuenta de que podían vivir sin su cuenta de Facebook, sin su celular, sin actualizar su status o leer sobre otras actualizaciones de los demás. El sentir que podíamos llegar a vivir al menos unas horas sin la conexión permanente de la vida en línea era casi tan inimaginable como el volver de algún modo fortuito al estado de naturaleza.
Desde ayer el clima en mi equipo se nota un poco raro. Tal vez porque en un foro interno de La Empresa alguien había posteado anónimamente manifiesto de Martirio. Varios creyeron que había sido yo. Un par de  compañeros me lo preguntaron sin vergüenza. Negué dos y hasta tres veces como Simón Pedro. Todo, pensé entonces, era por el bien del grupo. Por la causa evanescente de un servidor que cae, al menos por un tiempo para quitarnos del sopor en el que vivimos desde hace décadas.
Aun me queda inventar una buena excusa para poder escaparme dentro de unos minutos para llegar hasta el corredor central, luego descender en el elevador que lleva al nivel ejecutivo en el quinto subsuelo, para allí superar la seguridad y burlar al guardia robot con un hack de reconocimiento de voz para que me de acceso al deposito controlado de servidores de La Empresa. La red social que opera en línea a través del sitio que es propiedad de La Empresa, es casi tan compleja como el laberinto subterráneo que lleva hasta los servidores que hacen que esta red social simule ser una red real.
En un principio los objetivos simulaban ser nobles. ¿Que tiene de malo reconectar viejos amigos? Después llegaron los estudios de opinión, los juegos en línea, las encuestas, las compras en el sitio, las simulaciones, las relaciones amorosas virtuales, las elecciones nacionales y también las del parlamento internacional. La unión de ciertos países y la división de otros fue decidida a través del sitio. Hace quince años que no voy a exteriores pero supongo que la mayoría de las personas también piensa en el ambiente exterior como otra ilusión similar a la idea de poder vivir sin nuestra nueva existencia en línea.
Entonces me llega la idea que estaba aguardando. Hace seis días salude al Coordinador de Páginas Externas y Aplicaciones en el elevador que lleva al nivel ejecutivo, mientras me dirigía con mi reporte diario hacia mi superior, el Dr. Nyuen. Recordé que el Coordinador mencionó estar muy entusiasmado con una nueva aplicación que estaba desarrollando que permitiría percibir el estado anímico de las personas utilizando la cámara instalada en sus dispositivos. Esta podría ser usada por psicólogos en línea, doctores en línea, policías, novios, cónyuges… en fin, miles de aplicaciones me dijo. Me encaminé hacia el elevador ante la mirada absorta de varios de mis pares.
Entre en el mismo y la voz computarizada me pidió mi código de acceso. Se lo di y cuando preguntó a quien iba a ver al nivel corporativo le dije que tenia una reunión con el Coordinador de Paginas Externas y Aplicaciones, Alex Stevenson. El elevador comenzó su descenso. Sentí que mi pesimismo, comenzaba a crecer súbitamente. No llegaba a un estado de euforia o siquiera de emoción. Simplemente era la extraña sensación de que todo podría salir mal en un instante. Podría salir bien también.
No sabía bien cual era su oficina pero caminaba por los pasillos del nivel corporativo como si lo conociera a la perfección. No salude a nadie. Camine como unos cinco minutos. De repente me di cuenta que estaba frente al elevador nuevamente. La voz computarizada volvió a preguntarme a quien venia a ver y abrió su plateada puerta. Conteste que no había encontrado al Coordinador de Paginas Externas y Aplicaciones. La voz respondió:  Cubículo C521.
Estaba solo a veinte pasos. Al llegar al cubículo observe un ridículo salvapantalla con un Santa Claus robotizado. Todo un símbolo de nuestra era. El cubículo estaba vacío. Habrá ido al baño, pensé. A la izquierda del teclado, junto a una lata de FaceCola, vi la brillante tarjeta anaranjada que da acceso al deposito controlado de servidores. La tome sin dudarlo. Retome el laberinto de pasillos del nivel corporativo hasta llegar a la puerta de vidrio. La famosa puerta de vidrio detrás de la cual existían las vidas en línea de todos los habitantes del planeta.
Sabía que los servidores no podían apagarse. Estaban conectados por el suelo al network de fibra óptica que llevaba y traía datos de todas partes del mundo.
Mi plan era el siguiente: llegar a una terminal. Implantar el virus que habíamos programado en largas sesiones junto a los demás integrantes de Martirio y retirarme.
Estaba por alzar la tarjeta para acercarla hacia el sensor cuando me tocan el hombro. Era el Coordinador. Fue curioso, pero me dio un abrazo, como si fuera un viejo amigo con el me reconectaba a través de un laberinto mas intrincado que la programación de nuestra red. Insistió que lo siguiera hasta su cubículo para que me demostrara la nueva aplicación de la que me había hablado. No tuve mas remedio que seguirlo. Al llegar a su cubículo tecleo su clave para dar fin al ridículo Santa Robot. Entonces disparo la aplicación y acto seguido apunto su cámara a mi rostro. Estaba francamente excitado y yo no. Dio vuelta su cabeza lentamente hasta mirarme desde su asiento con una cara que no supe descifrar pero que mostraba algo de miedo y algo de fascinación. Me pregunto que me pasaba. Le dije que nada.
Su software me había clasificado como elemento peligroso, algo que solo le salía a los enfermos mentales y a los programadores que no se desconectaban al menos una vez al día. Argumente que había tenido una pelea con mi novia de Taiwán. Se había enterado de mi affaire virtual con una estudiante jamaiquina. Me contesto que en esta era de las redes sociales no se pueden hacer esas cosas. Le di la razón sin que supiera que en verdad no tenia ninguna novia, aunque mi perfil si mostraba a una supuesta novia de Taiwán  y dos amigas virtuales de Jamaica. Solo me comentó que estaban pensando en instalar su software en todas las computadoras de La Empresa y además estaban negociando para instalarlo en todas las computadoras y teléfonos que fabricaba la empresa. Solo me dijo que era peligroso sino cambiaba mi estado de ánimo. Podía llegar a perder mi empleo inclusive.
Luego volvió a girar la cabeza hacia su monitor y se despidió sin mas diciendo que debía seguir trabajando en la aplicación. Su tono, y tal vez su programa estaría de acuerdo con mi juicio, me confirmo que se había desilusionado de descubrir en mí un elemento peligroso. Un virus para el sistema.
Ahora voy subiendo en el mismo ascensor que me llevo a este nuevo desencanto. En camino a mi nivel de trabajo, donde todo seguirá siendo gris. Allí arriba se que  todos van a mirarme como diciendo, a que fuiste para abajo si aun no son las siete AM.
Pondré cara de emoticón y me sentare a planear el próximo ataque.

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from Hombre Verde, released January 12, 2016

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Gervasio Goris Miami, Florida

Gervasio Goris es un escritor y musico argentino. Estudio Economia y Ciencia Politica en la Universidad de Buenos Aires y tras graduarse en 1999 se dedico a escribir musica. En el 2003 tomo su velero y decidio subir navegando hasta Miami donde vive el resto de su familia. Hoy se dedica a escribir cuentos y novela sin abandonar jamas su pasion por las canciones. ... more

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