Tan temprano

from by Gervasio Goris

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lyrics

Como todos los martes, miércoles y viernes a las cinco, me había levantado de un pesado pero nunca suficiente sueño. Bajé sin desayunar e inmediatamente noté que la calle estaba distinta, como si otro aire le pegara. Aun no era de día, pero podía sentir que todo estaba cambiado y sin embargo igual.
Mi maldito ómnibus parecía que otra vez no iba a venir, así que decidí caminar hasta una avenida paralela para que otra línea me llevara. Llegaría inevitablemente tarde. Otra vez.
Quizá ya estarían explicando cuando llegase, pero eso ya no me importaba con el sueño que traía. Al llegar a la Universidad ya nada era normal. La facultad se encontraba inexplicablemente desierta, aunque ya eran las siete y veinte. Mi error otra vez, pensé. Debía tratarse de otro de los sistemáticos paros docentes. Su infructuoso reclamo otra vez se me había olvidado.
Ya me regresaba para seguir durmiendo durante el viaje de vuelta cuando decidí reconocer la desierta facultad. Parecía otra sin gente, sin números, sin murmullo, sin política, sin siquiera parecerse al enjambre humano que me embarulla todos los martes, miércoles y viernes. Al pensar sobre esto, me di cuenta: era sábado.
Esta increíble equivocación me hizo retornar a mi hogar mas que fastidiado conmigo mismo, maldiciendo la perversidad de los objetos inanimados. El sábado ya no sería igual porque aún así seguiría siendo un sábado raro. Quizá lo sería porque Lili vendría a dormir hoy o por que mis padres no estaban en casa (o por ambas). Murmurándome rezongos llegué a mi barrio con un ómnibus que habitualmente no tomaba, pero que me acercó mas que el que siempre tomaba para ir a clases. No sabía porque había cambiado el recorrido ni porque había decidido tomar ese ómnibus en el camino de regreso. Era verde y el numero de la línea me era desconocido.
Al entrar al hall de mi edificio, noté que las puertas del ascensor eran otras. Las debían haber cambiado durante la noche y en forma muy silenciosa pues no había visto alterado mi sueño en lo mas mínimo. Cuando se abrieron comprobé que lo que habían cambiado era el ascensor entero. Esto no me agrado demasiado pues, aunque significaba viajes mas veloces hacia arriba y hacia abajo, también significaba expensas mas caras, o sea, recortes en la casa. Menos aún me gusto ver nuestra puerta pintada de azul, al igual que las otras nueve puertas de mi pasillo.
Ya entonces ofuscado entre a mi casa. Un instante después una pequeña sonrisa se dibujo en mi cara al imaginar a mi padre tornándose besuño y refunfuñando por los cambios originados durante el viernes por la madrugada.
Me serví un poco de café, que estaba semi caliente, en una de las tazas nuevas que mi madre siempre compraba. La tibieza del café me estaba indicando el inesperado regreso de mis padres. Seguramente me estaban esperando preocupados o enojados por mi repentina ausencia sin aviso. En puntas de pie me encamine hacia mi pieza y al pasar por el cuarto de mis padres, mi cabeza giro instintivamente para corroborar mi hipótesis planteada por la tibieza del café.
Mi padre no estaba. Ese bulto bajo la manta no podían ser mis padres abrazados, pues solo los había visto abrazarse en la entrega de medallas del circulo militar, el día que mi padre se retiró. Ese bulto bajo la manta debía ser mi madre, ya que se encontraba del lado que por herencia cultural le corresponde a la cónyuge femenina.
Entré en el cuarto para despertarla y hacerle saber que había llegado ya a la casa. Siempre lo hacía para dejarla tranquila. A ella le encantaba este ritual y a mi me hacía sentir menos culpable por lo tarde (o temprano) de mi arribo. En este caso no había salido de fiesta así que la culpa no jugaba un rol, pero igual iba a despertarla por costumbre. Estando a pocos centímetros de hacerlo, reconocí algo extraño bajo esa manta: esa mujer no era mi madre.
¿Entonces quien era esa mujer que se encontraba durmiendo dentro de mi casa, justamente en la cama de mis padres? Petrificado comencé a observarla y lentamente fui reconociendo algunos rasgos que me resultaban familiares. Me tranquilizo el hecho de que, a pesar de no saber quien era, en algún sentido ese bulto me inspiraba confianza. Esta mujer debía ser alguna de las tantas tías de mi madre que por algún misterioso motivo se encontraba desde hacía pocas horas durmiendo en la cama mis padres. Tendría a unos cincuenta años y se parecía mucho a alguien que conocía pero que no lograba identificar.
La señora abrió los ojos y me sonrió. No le devolví el gesto pues era ella quien debía aclarar su situación y no yo quien debía sonreír. Su aclaración fue un tanto particular:
—Carlos… ¿Que hacés levantado tan temprano? Cuando estabas en el baño prepare café.¿Querés que te traiga?
—No se quien es usted. ¿Que hace acá?
—Pero… mi amor. ¿Que te pasa? ¿Es una broma? ¡Soy yo Lili!
Comencé a temblar por dentro, sin poder emitir palabra. Por un instante no supe quien era, ni que hacía, ni donde estaba. Luego me di cuenta. Fue como mirarse en un espejo treinta años mas tarde. Solo atiné a decirle:
—Gracias, ya me serví café, pero… ¿Qué día es hoy?
—Domingo
—Con razón—dije.
Entonces me acosté y seguí durmiendo.

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from Hombre Verde, released January 12, 2016

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Gervasio Goris Miami, Florida

Gervasio Goris es un escritor y musico argentino. Estudio Economia y Ciencia Politica en la Universidad de Buenos Aires y tras graduarse en 1999 se dedico a escribir musica. En el 2003 tomo su velero y decidio subir navegando hasta Miami donde vive el resto de su familia. Hoy se dedica a escribir cuentos y novela sin abandonar jamas su pasion por las canciones. ... more

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