Yo lo conoci

from by Gervasio Goris

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Entró por la penumbra de un pasillo que tantas veces lo había imaginado. El sonido de sus suelas rebotando contra el mármol lo aturdía. Afuera las cigarras del verano y la puerta de entrada al pasillo, que se cerraba de un portazo, a causa de la ventisca que entraba para aliviar el calor de adentro casi todas las tardes del verano.
Nunca había entrado a ese departamento, a pesar de haber pasado cientos (tal vez miles) de veces por la puerta, en esas caminatas de domingo junto a su difunta esposa, Elsa.
Al entrar al cuarto, debió detenerse por un momento para acostumbrarse a la penumbra. Lentamente los objetos comenzaron a aparecer: una lámpara, la cómoda, el borde de una cama ortopédica. También pudo reconocer, antes que los objetos, el olor a orín y la voz.
—Yo lo conocí a Carlitos García.
Esa voz proveniente de algún lado en la penumbra, le era lejanamente familiar. Esa voz que llamaba su nombre, decía conocerlo.
—María… yo lo conocí…
La empleada no le respondió. Simplemente acomodó las excesivas cobijas y diseminó una fina lluvia de perfumador de ambientes, que solo conseguía exacerbar el olor inmundo del cuarto de una persona postrada.
—Yo lo conocí a Carlitos. Fue en la pesquería…
Carlos se quedo congelado, sin saber que hacer o decir.
*****
Nelly le parecía la muchacha mas distinguida de Zárate. Los padres no le sacaban los ojos de encima y a todas partes la mandaban con su hermana gemela. Una tarde en el Balneario “La Pesquería” pudo alcanzarla mientras iba sola rumbo a los cambiadores. Solo pudo decirle una palabra: Nelly.
*****
—Mire quien vino a visitarla. Adivine…
—María
—¿Que no oyó? ¡Abra los ojos! ¡Mire quien la visita!
—Yo lo conocí a Carlitos García. Mi mama nunca lo quiso.
*****
—Disculpe, pero me esta confundiendo con mi hermana.
—Pero que torpe… no me di cuenta. Es que son tan parecidas..
—No se preocupe. Nos pasa todo el tiempo.
Carlos pensó que nunca más se presentaría una oportunidad así. Ellas no iban a los bailes del Club Náutico, ni tampoco caminaban los domingos por Justa Lima. Después de ese verano, Carlos fue perdiendo las esperanzas de alguna vez poder salir con Nelly.
Todavía con ochenta y cuatro años recordaba la noche en que la vio llegar al baile de fin de año del Náutico. Tocaba la orquesta de Esquenazi y Torchiana. El corazón se le aceleró de un modo incontrolable durante unos segundos, hasta que vio como Tito Maneri le tomaba el abrigo y la sentaba en su mesa junto a su hermana.
Claro, Tito trabajaba en la administración del Frigorífico Smithfield, junto al padre de las gemelas. ¿Él, en cambio, quien era? Un simple empleado de comercio. Al año siguiente volvió a verla, esta vez de la mano de Tito, y recordaba que fue esa misma noche que comenzó su noviazgo con Elsa, su vecina de toda la vida, la compañera que tuvo durante cuarenta y seis años.
*****
No sabía como, ni porque había tocado el timbre, con que pudor… que fuerza le alcanzó para poder subir los dos pisos y arrastrar los pies por el pasillo, como si al fin de ese pasadizo estuvieran las respuestas que nunca obtuvo.
Nelly había fallecido nueve años antes y no se hablaba con su hermana Molly desde enero de 1973. Ese silencio, sospechaba Carlos mientras tomaba asiento, había en realidad comenzado décadas atrás.
—Dígale algo. ¿No anda todo el día llamándolo al hombre?
—Yo lo conocí, María. Yo lo conocí a Carlitos García.
—¡Y acá esta! ¿No lo ve? ¡Abra los ojos!
Molly abrió los ojos bien grandes. Las cataratas le impedían ver bien por ese entonces. Hacía meses que no se levantaba de la cama, pero igual hizo el esfuerzo de enderezarse para hacer su análisis visual del visitante. Luego de quince segundos dijo:
—El no es Carlitos García. Carlos no es ni gordo ni pelado.
Bajó los dos pisos por la escalera con mucha precaución. La empleada lo acompaño para abrirle y al despedirse le dio un beso agradeciéndole por la visita.
—Todos los días habla de usted. De como se conocieron en La Pesquería y que la madre de ella no lo quería a usted.
—Eran otras épocas… ya ve que ni siquiera me reconoció.
—Si, eran otras épocas.
Caminó por la sombra de los plátanos para evitar el fuerte calor de la tarde, rumbo a la casa donde habían nacido sus dos hijos. Había salido por fin de la oscuridad del recuerdo. Cerrado al fin el diálogo de décadas.

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from Hombre Verde, released January 12, 2016

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Gervasio Goris Miami, Florida

Gervasio Goris es un escritor y musico argentino. Estudio Economia y Ciencia Politica en la Universidad de Buenos Aires y tras graduarse en 1999 se dedico a escribir musica. En el 2003 tomo su velero y decidio subir navegando hasta Miami donde vive el resto de su familia. Hoy se dedica a escribir cuentos y novela sin abandonar jamas su pasion por las canciones. ... more

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